Si no viviste la época del chat de Cantv.net en Maracaibo, no sabés lo que era la verdadera adrenalina social. En aquellos años 2000, la cita digital no terminaba en un "DM" de Instagram; empezaba con un teclado pegado en un cyber y terminaba, si tenías suerte (y verbo), en una rumba de las que ya no se ven.
El punto de quiebre de la cita era el McDonald’s. Si después del encuentro en Galerías o los pasillos de Lago Mall la química fluía (y no te habías "hecho el loco" al ver que el otro no se parecía a su descripción), el siguiente paso era la feria.
Compartir un Sundae de chocolate o una barquilla de 500 bolívares era el sello de aprobación. Ahí, entre cucharada y cucharada, se decidía el resto de la tarde. Si la cosa iba bien, el plan escalaba.
En esa Maracaibo sana pero fiestera, las "Open Party" (fiestas abiertas) en clubes y quintas eran el imán de los chamos. Pero lo mejor eran las discotecas donde, con una buena "pinta" y un poco de actitud, los menores de edad entrábamos como Pedro por su casa.
¿Quién no recuerda las noches de locura en Vivas, La Esquinita, los tragos en Mi Barrita, o el ambiente de Bebedero en Cecilio Acosta y Margarita? por no mencionar Club House o Candy 66 en Bella Vista. Si buscabas algo más "alternativo", te ibas al Z Bar, Champions o terminabas la madrugada en Costa Verde. Era una procesión de "nicks" del chat bailando reggaetón viejo o merengue hasta que el cuerpo aguantara.
Pero no todo era pachanga. Maracaibo siempre ha sido rockera, y el chat de Cantv también unía a las "tribus urbanas". Los toques de bandas locales en locales pequeños o centros culturales eran el nido de los greñuos y las chamas de negro.
Y como toda historia de amor (o de "cuadre"), si la noche se ponía intensa y la química explotaba, el destino final eran los moteles del oeste de la ciudad. No importaba si ibas en un carrito por puesto, taxi o en el carro prestado del viejo; el Oeste era la tierra prometida para cerrar con broche de oro una conquista.
Era una ciudad donde podías andar de noche sin tanto miedo, donde la mayor preocupación era que no se te acabara el saldo del celular para avisar que te quedabas a dormir en casa de un "amigo".
El chat de Cantv fue la escuela de cuadre de toda una generación de maracuchos que hoy, ya con canas y familia, ven un McDonald’s y se acuerdan de "Munequita84″ o "El_Bello2000″ y aquella cita que terminó bajo las luces de neón de una discoteca que ya no existe.
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