Bajo el cielo radiante de la capital zuliana, la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá se convirtió este domingo en el recinto de una devoción inquebrantable. El ambiente, impregnado de incienso y esperanza, vibraba con la unión de una feligresía que colmó cada espacio del santuario. Entre cantos de júbilo y oraciones fervientes, los zulianos se fundieron en un solo abrazo espiritual para alabar al Señor resucitado, transformando el templo en un refugio de paz donde la fe se sentía en cada latido.
La jornada dominical inició desde temprano con los servicios de las 8:00 y 9:00 de la mañana, oficiados por el párroco Nedward Andrade y su auxiliar. Sin embargo, la eucaristía de las 11:00 am, presidida por el padre Richard Colmenares, director de los Niños Cantores, trajo consigo una reflexión profunda sobre el verdadero sentido de la Pascua: un proceso de transformación que va mucho más allá del descanso vacacional.
Durante la homilía, el padre Colmenares instó a la comunidad a mantener la consciencia de la resurrección incluso en los momentos de mayor oscuridad. Explicó que, así como la aurora precede al sol, nuestra Chinita precede la llegada de su Hijo, como el sol que todo lo ilumina. Utilizando una poderosa metáfora astronómica, el sacerdote recordó que la Pascua siempre coincide con la luna llena para marcarnos una misión clara.
"En la vida hay que ser como la luna, que no tiene luz propia, sino que refleja la del sol. Cristo es ese sol que nace de lo alto y nosotros, como cristianos, estamos llamados a ser reflejo de su brillo a través de las buenas acciones con nuestros hermanos", expresó Colmenares.
El mensaje subrayó la importancia de reconocer la huella de Dios en la cotidianidad y en la historia de la Iglesia, fundamentada en el testimonio de los apóstoles y la unidad bajo la figura de Pedro. Al finalizar, la invitación fue clara: contemplar la luna para vernos allí proyectados, recordando que nuestra labor es caminar tras los pasos del Señor y llenar el mundo con la luz que Él nos regala, tras haber vencido para siempre la pesada piedra del sepulcro.
Luis Miguel Flores
Imágenes: Leila González