En el corazón del asueto de la semana mayor, la tradición se impone en el paladar marabino. El zuliano, fiel a sus raíces y a la fe que le embarga por su tradición católica, ha volcado su búsqueda hacia las orillas y mercados de la ciudad, donde el pescado se alza como el protagonista indiscutible de la mesa familiar.
Esta práctica, que trasciende lo religioso para convertirse en un rito de identidad, recuerda la abstinencia de carnes rojas, que simbolizan el cuerpo de cristo y el lujo, sustituyéndolas por los frutos de nuestras aguas en un banquete de sobriedad y sabor.
En un recorrido realizado por puntos estratégicos de la capital zuliana, se constató que la oferta es tan variada como el ingenio de quienes lo ofrecen. A lo largo de la Avenida Milagro Norte, los pescadores se han apostado para ofrecer frescura a precios competitivos. Entre las especies de agua salada y salobre, la curvina pequeña se cotiza entre los $6 y $7, mientras que la curvina mediana alcanza los $7. El ronco, una opción más asequible, se ofrece en $4.5, y la lisa mantiene un costo de $6.
Para quienes buscan el sabor de los ríos, el bocachico (especie de agua dulce) se consigue en $5.5.
Por su parte, hacia el sur de la ciudad, en El Manzanillo, la curvina también mantiene un precio estandarizado de $7.
Todos estos comercios siguen aceptando pagos en divisas o su equivalente en bolívares a diversas tasas.
Esta dinámica comercial no solo garantiza el cumplimiento de la tradición, sino que oxigena la economía local de los trabajadores del mar, quienes en estos días santos encuentran su mayor recompensa en la mesa de cada hogar marabino.
Luis Miguel Flores
Imágenes: Xiomara Solano