Maracaibo, con su clima ardiente y húmedo, siempre ha sido sinónimo de resistencia al sol y a las altas temperaturas. Sin embargo, durante la época colonial, la élite marabina adoptó con orgullo la moda europea: trajes cerrados, casacas, chalecos y medias largas, una indumentaria más propia de los valles frescos de Caracas que de la capital zuliana.
La explicación está en el peso de la etiqueta y el estatus social. Vestirse “a la europea” era símbolo de prestigio y de pertenencia a la alta sociedad, aunque implicara sudar bajo el inclemente sol del Lago. Así, en misas solemnes, cabildos o fiestas patronales, era común ver a los hacendados y autoridades marabinas lucir atuendos de varias piezas, siguiendo las tendencias que llegaban desde España.
La diferencia con Caracas era notoria. En la capital, el clima fresco permitía llevar telas pesadas, mientras que en Maracaibo la moda se replicaba en versiones adaptadas: lino, algodón o dril más liviano, que aliviaban un poco la incomodidad. Eso sí, dentro de las casas o haciendas, la etiqueta quedaba a un lado: camisas sueltas, pantalones ligeros y hasta andar descalzos eran la norma.
Mientras tanto, los sectores populares vestían de manera más fresca y práctica. Esclavizados, pescadores y peones se cubrían apenas con camisas de algodón, pantalones cortos o guayucos, mucho más acordes con el calor zuliano que los trajes cerrados de la élite.
Este contraste revela una curiosidad histórica: en la Maracaibo colonial, la moda no obedecía al clima, sino al afán de la élite por mostrar prestigio, aun a costa de desafiar las altas temperaturas que siempre han caracterizado a la ciudad.
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