Las enfermeras se han consolidado como pilares fundamentales de resiliencia y esperanza tras el doble sismo de magnitudes 7,2 y 7,5 que sacudió a La Guaira. Su labor en hospitales de campaña, albergues temporales y zonas de desastre ha sido clave para brindar atención sanitaria de emergencia y soporte emocional a los afectados.
Durante los días más críticos, el personal de enfermería ha afrontado jornadas maratónicas de hasta 72 horas sin dormir. Ante el colapso de las infraestructuras y el desborde de los centros médicos, se vieron en la necesidad de improvisar áreas de atención, curar heridos en los pasillos y canalizar suministros médicos urgentes junto a médicos y camilleros.
En centros locales como el Hospital Dr. José María Vargas y la Clínica Popular Alfredo Machado, brotaron historias de profunda vocación. Casos como los de las enfermeras Sara y Beatriz se convirtieron en símbolos de entrega al atender a más de un centenar de personas en medio del caos. Asimismo, trascendió el testimonio de una profesional que, en lugar de evacuar durante una de las réplicas, corrió a proteger con su propio cuerpo a una adulta mayor bajo su cuidado.
Más allá de curar heridas físicas o administrar tratamientos, estas mujeres —madres, abuelas e hijas— se han dedicado a escuchar miedos y ofrecer contención humana a damnificados que lo perdieron todo. Además, equipos de enfermería y paramédicos continúan recorriendo las comunidades y campamentos transitorios para garantizar que los pacientes crónicos y sectores vulnerables no queden desasistidos.
A semanas de aquel suceso que marcó un antes y un después en la historia del país, cientos de anécdotas acompañan el desvelo de estas trabajadoras. Por su mística, valentía y el amor entregado a cada paciente, hoy Venezuela les rinde tributo como verdaderas heroínas de la salud.
