En una noche épica que quedará grabada por generaciones en las páginas doradas del fútbol internacional, la selección de Argentina selló su clasificación a la gran final del Mundial 2026 tras derrotar 2-1 a Inglaterra, gracias a un cierre verdaderamente cinematográfico en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta.
La Albiceleste sacó a relucir su chapa de campeona cuando el destino parecía esquivo y, con una ráfaga de pura mística en los últimos diez minutos, le dio la vuelta a un partido electrizante para citarse con España el próximo domingo 19 de julio en la lucha por la corona planetaria.
El compromiso comenzó con la fricción característica de esta histórica rivalidad. Durante la primera mitad, el juego físico y el choque constante en la mitad de la cancha —personificado en los intensos duelos personales entre Leandro Paredes y Jude Bellingham— restaron fluidez al juego asociado. El rigor táctico provocó que los guardametas Emiliano "Dibu" Martínez y Jordan Pickford se marcharan al descanso prácticamente como espectadores, tras unos 45 minutos iniciales cargados de faltas y con nulas aproximaciones de peligro.
La paridad se rompió a los 10 minutos de la etapa complementaria (55′). Tras una desatención en la salida del fondo argentino, el atacante inglés Anthony Gordon conectó un remate certero en el área para vencer la resistencia del "Dibu" Martínez y poner el 1-0 a favor de los dirigidos por Thomas Tuchel. El golpe dejó aturdida por momentos a una Argentina que venía arrastrando el severo desgaste físico de haber disputado dos prórrogas consecutivas en las rondas previas.
Con el marcador en contra y el reloj como enemigo principal, Lionel Scaloni movió sus piezas en el banquillo. Los ingresos de Rodrigo De Paul y Lautaro Martínez inyectaron la energía, la verticalidad y la profundidad que el equipo necesitaba con urgencia para romper el bloque británico.
Cuando el partido agonizaba y la desazón empezaba a apoderarse de los miles de fanáticos albicelestes presentes en el estadio, apareció la rebeldía del campeón. A los 84 minutos, tras una milimétrica jugada colectiva, Enzo Fernández apareció con un golazo de fuera del área para estampar un 1-1 que devolvió la vida y la ilusión al país sudamericano.
Sin embargo, el destino tenía reservado el clímax perfecto. En el segundo minuto de adición (90+2′), cuando ambas escuadras se preparaban mentalmente para un nuevo tiempo extra, Lautaro Martínez se vistió con el traje de héroe saliendo desde el banquillo para desatar el delirio absoluto con el 2-1 definitivo.
Tras el pitazo final del colegiado estadounidense Ismail Elfath, las lágrimas de desahogo eufórico inundaron el césped de Atlanta. Argentina clasifica a la final de la Copa del Mundo por segunda edición consecutiva, manteniendo intacto el sueño de defender su corona y bordar la cuarta estrella en su escudo. La mesa está servida para el duelo definitivo: Argentina contra España en Nueva York, noventa minutos separados de la gloria eterna.
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