El influencer Diego Acevedo, a través de sus redes sociales, mostró que el miedo no tiene medida cuando se trata de la vida. Para una familia de ocho integrantes, residentes del sector Los Corales en Caraballeda, el sismo que sacudió la región central no fue solo un fenómeno geológico; fue el instante en que su mundo, literalmente, se vino abajo.
El relato de la sobreviviente oriunda del estado Zulia, quien aún intenta procesar la magnitud del evento, es escalofriante. "Dicen que duró segundos, pero para mí duró toda la vida", confiesa. La familia se encontraba en una bodega cuando la tierra comenzó a moverse con una violencia inusitada: "Parecíamos hojas de papel, eso nos removía así".
En medio del caos, la desesperación se apoderó de ellos. Mientras intentaban reunirse, el edificio Coral Garden 1, ubicado a pocos metros de su vivienda, colapsó. La estructura cayó estrepitosamente sobre la pequeña casa de la familia, reduciéndola a escombros en cuestión de segundos. Fue un milagro que, en ese momento, el grupo familiar lograra reencontrarse entre los gritos y el polvo.
Tras el impacto, el terror escaló ante la alerta de un posible tsunami. "Subimos a la montaña y yo le oraba a Dios toda la noche; le decía: ‘Si me permites ver la luz del día, me voy'", relata la madre de familia, quien hoy se encuentra a salvo en Maracaibo, pero con la mente puesta en quienes quedaron atrás.
A pesar de haber sobrevivido, la familia alza su voz por aquellos que aún permanecen bajo los escombros. Denuncian que, hasta el momento, la ayuda oficial se ha concentrado únicamente en las vías principales, dejando desatendidas las zonas internas de los barrios.
"Por favor, a Los Corales no ha llegado ayuda. Están muchos de mis vecinos enterrados, pero hay gente con vida", clama la sobreviviente, quien señala específicamente el sector de la OPP 26 como una zona donde aún hay personas esperando ser rescatadas. Su mensaje es un llamado urgente a los equipos de rescate y a la voluntad ciudadana para que no se limiten a las avenidas, sino que se adentren en las comunidades donde el silencio es, a veces, una señal de vida esperando ser salvada.
Mientras esta familia intenta reconstruir su vida desde los escombros, su testimonio sirve como recordatorio de que, tras las cifras oficiales, existen nombres, familias y sueños que aún aguardan una mano amiga.
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