La vida de María Chiquinquirá Linares Herrera no ha sido fácil, desde que era niña, aún así logró sacar sus estudios y, poco después, ser auxiliar de enfermería en la fundación María Teresa de Calcuta, un trabajo que la apasionaba y disfrutaba. Al parecer, la vida mejoró para ella, estaba casada, con dos hijas y un esposo que la amaba.
Sin embargo, de nuevo el tablero de la vida la puso en un jaque mate, la Fundación María Teresa de Calcuta cerró sus puertas, quedó sin empleo y tuvo que hacerse cargo de su familia, pero esto no fue todo, al tiempo su esposo falleció, ahora sí, quedaría sin trabajo y desamparada, con dos hijas que sacar adelante.
A raíz de la pérdida de su esposo y el cierre de la fundación, María Chiquinquirá, con 35 años, sola y sin empleo comenzó a buscar y no encontró respuestas positivas, pero nunca se detuvo, la vida le presentó una oportunidad de trabajo, por lo que María halló en la vigilancia una forma de generar ingresos y mantener a sus hijas.

Sin embargo, nunca imaginó llegar a querer tanto este oficio, aún cuando es un trabajo de alto riesgo y que por lo general hacen los hombres, pero, la señora María se siente segura y orgullosa del trabajo que hasta ahora le da para comer, y por lo que no tiene miedo ni se siente menos por ser una mujer vigilante.
A pesar de tener algunos conocimientos en distintas áreas como la costura y la pintura, María decidió dedicarse a la vigilancia, ya que le gusta tratar y servirles a las personas como le gustaría que lo hicieran con ella. Aunque no miente que al principio se molestaba con las personas, pero era porque no entendía como se manejaba el trabajo, pero poco a poco, fue desenvolviéndose y aprendiendo.
María Linares, hoy en día tiene 14 años de experiencia en la labor de vigilante, y no tiene miedo ya que es creyente a la palabra y comenta que, así como Dios te da la enfermedad, te da la cura, pues así pasa con los inconvenientes de la vida, Dios da las soluciones a los problemas. En su larga trayectoria como vigilante no ha tenido algunos obstáculos, aunque si bien, contó una anécdota de algo que le pasó en la Zona Industrial de Maracaibo cuando le tocó abrir y cerrar el portón, “un señor me ayudó abrir el portón, se fue y yo quedé ahí, yo quería cerrarlo así que lo empecé a jalar y era tan pesado que al final no pude y esperé hasta el amanecer si me hubiese querido escapar no podía”, comentó entre risas María.

La señora María Chiquinquirá se siente agradecida con la vida por haberle dado dos hijas hermosas que hoy se encuentran fuera del país y la dicha de haber conocido a su nieta. Guarda en su memoria los lindos recuerdos de años anteriores del Día de la Madre, cuando se reunían en su casa a compartir o salían a comer.
Linares finalizó con una frase que la motiva mucho, “es bueno aprender de los errores y superar los retos”.

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María Briceño/Pasante
Fotos: José López
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